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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Entre la Parca y la pared- Taller de escritura- Be Literature #1

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Inspiraciones:


Entre la Parca y la pared

Siempre entre la vida y la muerte, siempre entre el cielo y el infierno, siempre mostrando el camino. Soy la que acabo con las luchas por la supervivencia, la que se lleva tanto a los que han perdido la batalla como a los que querían ganarla, porque la victoria no les pertenece a ellos. Soy el árbitro que decide cuándo ha terminado el partido y cuándo hay prórroga. Soy la única que imparte verdadera justicia. Y aún así, estoy en la más absoluta oscuridad.

Un nuevo nombre apareció en la lista. Sé que en el momento en que me acerqué a ti me viste, supiste que estaba ahí. A tus familiares les recorrió un escalofrío, un mal augurio. Observé como apretaron más fuerte tu mano, como contemplaron tu rostro, como acariciaron tus cabellos brillantes y yo les prometí que te mostraría el camino, no es ningún consuelo, lo sé, pero es lo único que puedo ofrecer.

Solo fue un momento, pero cuando me tendiste la mano de forma resignada, un pitido constante sonó en la habitación. Y yo no me quedé allí, ya había contemplado esa situación miles de veces, solo tus ojos miraron atrás, como muchos habían hecho antes. Supongo que lo siento, como tantas otras veces que he hecho esto, pero es mi deber.

Las puertas del cielo se abrieron ante tu llegada, tenías suerte, el Paraíso te esperaba. Te animé a caminar hacia delante, asintiendo con la cabeza, y con una sonrisa en mis descarnados labios, lo que quizás compondría una mueca macabra, pero por suerte, la capucha no te permitía ver nada de mí.

Un brillante ángel se presentó, su mano tendida gentilmente hacia ti. Aceptaste gustosa la invitación. Antes de que las puertas se cerraran, el alado me dirigió una mirada de advertencia, como todas las otras veces, me recordaba que no podía dar un paso más, que no tenía permitido entrar. No hasta que todo mi trabajo estuviera hecho.
Me di la vuelta, alejando mi vista de la promesa que no sabía si algún día sería capaz de alcanzar, y extendí la mano por entre la capa negra para materializar un viejo pergamino, dos nombres más se habían inscrito en él.

Me marché de allí, mientras volvía a esconder las esqueléticas manos dentro de la túnica. Tenía trabajo que hacer.

lunes, 26 de agosto de 2013

Cuando llegue el momento.

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Habrá un momento en el que me abrazaré a la foto en la que aparecen mis mejores amigos, un momento en el que solo mirando la imagen recuerde cada segundo, cada risa, cada palabra dicha en voz alta, incluso los pensamientos que brillaban en sus ojos. Habrá un momento en el que pasaré la yema de mi dedo por el frío cristal, y aún así, sentiré el calor en mi interior. Habrá un momento en el que con cuidado abriré la carcasa del marco, dejando que mis dedos se encuentren directamente con nuestros rostros sonrientes. Y sé, que en ese momento, voces se colarán en mi cabeza:
— ¡Eh! ¿Quién te crees que eres? Deja de acaparar la cámara
— ¡Enana! Para de comer, estamos haciendo la foto
— ¡Esperadme!
— Esta noche podremos ver las estrellas
— ¡Bah! Si quisiera ver las estrellas me miraría en el espejo
— ¡Sonreír! El temporizador ya está puesto
— ¿Y qué gracia tiene acampar si no te gusta el campo?
— Vosotros me habéis traído a este nido de bichos
— ¡Decid patata!
— Nunca he entendido porqué patata, siempre terminas con cara de idiota
— Podemos decir cheese
— Y a ti te pareció buena idea
— Porque todos dijisteis que sí. Asco de presión de grupo
— ¡No! De cheese nada, aquí patata
— ¡Oh! ¡Venga! No puedes salir comiéndote un bollo. Esta foto pasará a la posteridad.
— Mucho mejor, así nunca se me olvidará de qué marca y tipo son mis favoritos.
— ¡Parad y sonreír o mañana os levantaré con cazos de agua!

Un grito, una petición, un comentario, una respuesta sarcástica, otra irónica, una risa… Una foto juntos, un pasado en común. Un futuro condicionado por la persona que eres, y que tus amigos te ayudaron a formar. Un “¡Eh! ¿Qué tal estás?” cuando vayamos por la carretera, y un “No me puedo creer que ya hayamos llegado” cuando se acerque el final del viaje. Una despedida de amigos que uno a uno se van marchado. Una sonrisa que permanece imperecedera en cada mente.
La lágrima que de felicidad resbala por mi mejilla, el pitido repetitivo de la máquina que mantiene una vida, la mente cargada de recuerdos como si hubiera vivido más de una vez, la paz, resignación y aceptación, presentes en cada rincón de la habitación.

Y entonces una risa, una palabra amable, unos rostros jóvenes. Y una promesa, la última promesa, es en aquel momento cumplida “Cuando te canses de vivir vendremos a recogerte”

En mis labios se formó una sonrisa, la sonrisa de haber sido tocado por ángeles.

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domingo, 21 de julio de 2013

Un diario en las trincheras. [II]

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No le caía bien, nada bien, tenía que reconocerlo, el perfecto Misha, siempre hablando de su perfecta familia, con su perfecta risa, su perfecto optimismo y a Mark solo le parecía un perfecto idiota. Si, hay que reconocer que le tenía envidia, a él no le esperaba nadie en casa, a Misha sí, una familia y una guapa mujer, cuya foto guardaba en un medallón del cual no se desprendía nunca y aprovechaba cualquier situación para mostrárselo a los demás ¡Lo que daría por cambiar sus vidas! A él no le quedaba nada, nada…
Se levantó del suelo sin molestarse en sacudirse las ropas y siguió el camino por el que Misha se había marchado minutos antes.

Cuando llegó a la zona del comedor se dio cuenta de que lo que le había dicho el soldado era verdad; unos brindaban por volver a casa, otros, entre risas, por todo lo contrario, no volver y así no tener que ver a su suegra de nuevo, también había grupos apostando acerca de cuantos iban a matar en el siguiente asalto, por supuesto no faltaban aquellos que observaban la situación con mirada reprobatoria. De entre todos estos hombres, vestidos casi igual, resaltaba uno, que además, en ese mismo momento, se encaminaba hacia Mark, con una enorme e irritante sonrisa en su rostro, ya rojo por el calor del alcohol.

jueves, 23 de mayo de 2013

Un diario en las trincheras. [I]

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[Primera parte.]


Cargar, apuntar, disparar, correr, esconderse, cargar, apuntar, disparar, correr, esconderse, cargar, apuntar, disparar, correr, esconderse… ese era el ciclo eterno al que se encontraban sometidos los soldados, y como banda sonora, para alentarles a continuar la lucha, se escuchaban los cañonazos y el sonido de las bayonetas al clavarse en la carne, todo un deleite para los sentidos de las personas que allí se encontraban. Quizás, viendo esta escena, Rousseau se hubiera pensado más el decir que el ser humano es bueno por naturaleza.
En el campo de batalla trozos de tierra saltaban continuamente, por el impacto de los proyectiles, y el terreno que no estaba cubierto por cuerpos, tanto de aliados como de enemigos, presentaba el color granate de la sangre al mezclarse con la arena y hacer un macabro barro. Pero está bien, esa horrible visión ya era el pan de cada día, se había convertido en algo que los acompañaría de por vida, incluso sin vencían y conseguían volver a casa, sabían a ciencia cierta que todas las noches volverían a estar allí, peleando, con el olor de la pólvora entrando por sus fosas nasales y el peso de sus armas en la mano derecha, pero todo por la patria, por defender los colores de una bandera.

Poco a poco cada soldado se ha ido retirando a su base, parece que hoy no ha conseguido avanzar ninguno de los dos jugadores de este ajedrez gigante, y solo han perdido vidas, quizás cientos de ellas, gastadas inútilmente.


Mark estaba sentado, con la espalda apoyada en una de las paredes de tierra, manchándose el uniforme, pero ese era el menor de sus problemas, con la vista fija en la pared contraria, gastaba sus minutos limpiando con un viejo y sucio pañuelo el arma que siempre le acompañaba. Los sonidos de pasos y los gritos de unos militares a otros no conseguían que el soldado reaccionara, cosa que no parecía importarle mucho a los que caminaban, e iban de un lado a otro, pasando por delante de él, la mayoría cargados con cajas, los últimos restos de municiones, armas y vendas.

Levantó la vista cuando un joven corriendo, con una de esas cajas en las manos, le golpeó en el pie, este no se detuvo a disculparse y simplemente siguió a lo suyo. Mark miró su arma como si lo hiciera por primera vez en mucho tiempo, y al ver que ya estaba limpia, se ató el mugroso pañuelo alrededor de la reciente herida que se había hecho, apenas unos días atrás, algún que otro medico militar ya lo había regañado por hacer eso, pero su respuesta siempre era la misma “Si no tengo mi arma preparada moriré aquí, solo así tengo alguna oportunidad de volver a casa” ¿Pero de verdad quería volver a casa? No, realmente no, no le esperaba nadie allí donde fuese, hacía tiempo que había perdido su familia, y quizás por temor, nunca pensó en formar una nueva, y así estaba ahora él, un soldado que no le importaba a nadie, en mitad de una guerra que le daba igual y sin nada que perder.

— ¡Soldado!— Gritó de repente una voz autoritaria, que hizo que Mark levantara la vista alarmado después de haberse atado la venda.

Su mirada se relajó al darse cuenta de quién era— Misha— Se quejó— ¿Qué quieres?

— No puedes pasarte aquí toda la noche… otra vez— Cruzó los brazos sobre el pecho, en esos momentos no llevaba el arma— Ven a beber, antes de que se acabe lo que queda.

— ¿Y qué celebramos?

— Que llueve, que no llueve, que hace sol, que está nublado, que ganamos, que perdimos… Elije— respondió con una sonrisa, que Mark no sabría definir si era macabra o sarcástica.

— Prefiero quedarme aquí con Brigitte— Fue lo único que dijo dando por terminada la conversación.

— ¿Brigitte?— Cuestionó extrañado— ¡Oh! Ya, tu dichosa arma— Suspiró exasperado— Si trataras a una mujer de la misma forma en que tratas a tu bayoneta no tendrías problemas en conseguirla— El silencio se hizo entre ellos y cuando Misha vio que no iba a responderle, se dio la vuelta, marchándose por donde había venido con un fuerte resoplido.

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jueves, 16 de mayo de 2013

¿Un discurso para una vida?

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Quizás debamos observar a nuestros amigos y ver cómo han evolucionado, o más importante, como hemos crecido con ellos, gracias a ellos.

Aceptar que el tiempo pasa, que no somos imperecederos, que la vida no se va a repetir, que es única.

Contemplar nuestros fallos y nuestros aciertos, nuestras aventuras y desventuras, nuestros momentos de mala o buena suerte.

Es el momento de aceptar las despedidas que al fin y al cabo son algo necesario para que haya un nuevo comienzo, ni mejor ni peor, solo diferente.

Es el momento de hacer planes nuevos, de destrozar los antiguos.

Es el momento de romper moldes y de abrirnos a nuevos encuentros que rompan los nuestros.

Creo que es el momento de dejar de preguntarnos el porqué de las cosas y empezar a preguntarnos ¿Por qué no?

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sábado, 13 de abril de 2013

Ave atque vale.

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Inspirado en Jem y Will "La princesa mecánica"- Los Orígenes por Cassandra Clare

Tu habitación está desierta, hermano, el sonido de las notas, que tan maestramente creabas, se encuentra apagado, y el violín en un rincón olvidado del oscuro salón en el que ya nunca más te veré sentado, aunque el fuego que nos tumbábamos a contemplar parece no notar nuestra falta. Tu ausencia pesa, duele más que las heridas con las que he tenido que cargar durante toda una vida, y aún así oigo, irónica, tu voz en alguna parte de mi cabeza, aconsejándome, guiándome, tomando la forma de una estrella lejana que nunca más podré alcanzar. Te vas a la oscuridad, a vivir solo, a un lugar donde los huesos son tu única compañía, abandonas el bando de los vivos para protegernos, para habitar en la delgada frontera con los muertos, sin alcanzar nunca ese estado. Ahora no perteneces a ningún mundo, los dos te han dado la espalda. Y resulta irónico, que aún así, tú vayas a vivir más que yo, pero es tranquilizador saber que aunque pasen años tras mi muerte, serás tu el que continúe allí donde yo lo dejé, el que triunfe donde yo fallé, el que se levante donde yo caí, el que grite donde yo me callé… pero el que ame lo que yo amé.

Tu habitación está desierta, hermano, hasta que puedas volver, y desalojes de cada esquina el frío que ha hecho de ella su hogar y su morada.
Tu habitación está desierta, hermano, hasta que la rueda de la vida se cierre por fin.
Tu habitación está desierta, hermano, pero solo me queda una cosa por decir, por y para siempre; ave atque vale.

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lunes, 1 de abril de 2013

La simplicidad de pintar un cuadro...

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Te observo, te admiro, resaltas en el acantilado, donde la silueta de tu cuerpo parece un faro, desafiando al mar, a las rocas, al viento, a que te derriben si es que pueden. Tu boca es como el clima, variable, nunca se sabe cuando curvarás las comisuras hacia arriba, resaltando el rubor de tus mejillas o cuando, enojada, tus labios se mantendrán firmes como si de un puente se tratara, sin embargo no puedo separar mi vista de ellos, de su perfección como si de panales de miel se tratase, de su mortal hermosura.
Tus ojos parecen haber sido pintados con humo, grises, como recuerdos que se conservan de un viejo sueño ya pasado. El cabello rojo, desordenado y llevado por el viento, parece el huracán que aporta ferocidad a tu inocente rostro. Ferocidad e inocencia, dos palabras contrarias, dos significados, dos épocas del año pintadas en un mismo cuadro.

Cuando coges aire para respirar, tu pecho se eleva al cielo como un ave que quiere volar, sobrepasar las fronteras de la realidad, y es entonces cuando mis palabras como notas musicales, se elevan al cielo implorando tu liberación, pero también deseando que el primer nombre que aparezca escrito en la hoja blanca que es tu corazón sea el mío.

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lunes, 25 de marzo de 2013

Las lecciones de Super Mario Bros.

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¿Alguna vez has pensado en la vida como una simple sucesión de hechos casuales, completamente aleatorios, y de los cuales nunca vas a tener el control? Yo sí ¿Y sabes qué? Todo es mejor así.

Ya no tienes un destino, un camino marcado, una meta a la que llegar, tienes una vida que no puedes controlar, regida por decisiones en apariencia insustanciales, que pueden tener una consecuencia enorme en un futuro no muy lejano. Son cruces de caminos, regalos, opciones que nos van apareciendo. Son como el humo que nunca podrás atrapar entre tus manos, son situaciones que escapan a tu control, no, no te sientas frustrado, siéntete humano, es lo que eres al fin y al cabo, no eres una máquina, no manejas tantos por ciento ni probabilidades, de hecho ni si quiera eres capaz de sacar la tostada en su dorado perfecto, siempre te pasarás o no llegarás. Eres humano, defectuoso, imperfecto y eso te hace único.

No almacenamos vidas como Super Mario, no nos hacemos más grandes si nos comemos una seta (a no ser que sea alucinógena), no perseguimos a nuestra princesa de castillo en castillo, o en todo caso, intentamos aprender de los errores para que no la secuestren treinta veces seguidas… y digo intentamos. Pero supongo que el perseguir sueños es lo que nos permite levantarnos de la cama cuando esta nos aprisiona con el sueño y las mullidas almohadas, quizás es eso lo que nos permite abrir los ojos y decir “Lucharé un día más”

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jueves, 14 de marzo de 2013

Se dice que los sueños no mueren, solo muere el soñador.

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Y me pregunto ¿Por qué nos encerramos en ideas ya especificadas? ¿Por qué no pensamos fuera de los límites que nos han impuesto? ¿Por qué no ampliamos nuestras fronteras? ¿Por qué no nos preguntamos si el cuerdo es realmente el loco? ¿Y si tú y yo vemos de diferente color el rojo? ¿Y si los ángeles no son los buenos y solo son artefactos mecánicos al servicio de alguien? ¿Y si el cielo está en el infierno? ¿Y si tomando las mismas decisiones llegamos a caminos opuestos? ¿Y si la vida nos permite escribir el destino de la forma que más nos guste pero ha olvidado decirnos cómo hacerlo?

¿Qué pasaría si el repartidor de pizza es en realidad un espía? ¿Y si la mujer que se sienta enfrente nuestra en el metro fue campeona mundial de judo? ¿Y si ese hombre que se cruza contigo en una calle cualquiera es el doblador de uno de los personajes de tu serie favorita? ¿Y si ahora mismo estás encima de una nave espacial enterrada a kilómetros de tierra por debajo de ti y es la única prueba de la presencia de estos seres en la Tierra? ¿Y si alguna vez haciendo camping dormiste sobre un antiguo cementerio indio? Quizás la vida sea más emocionante de lo que nos han hecho pensar.

Hay muchas preguntas que podríamos hacernos y también infinidad de formas de responderlas, quizás ninguna incorrecta o quizás todas ¿Tiene sentido preguntarse cosas que no podemos saber? No lo sé y no creo que lo sepa nunca, así que lo añadiré a la inmensa lista de cosas con las que convivir sin poder solucionar, total, por una más no creo que ocurra nada ¿Verdad?

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lunes, 4 de marzo de 2013

Y dime ¿A dónde van los protagonistas de los cuentos cuando se les olvida?

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La muñeca está rota, los botones de sus ojos parecen caerse de su rostro, deslizarse por él con los hilos rojos que la cosen simulando la sangre, sus comisuras se alzan hacia arriba en una sonrisa socarrona e incluso irónica, tétrica.

¿Y dónde está la muñeca?

El soldadito de plomo está apoyado en una de las esquinas, casi aplastado por un libro no muy gordo, pero lo suficiente para aprisionarle la única pierna que le queda. En su rostro y su mirada siempre parece reflejarse una tristeza o nostalgia por las sensaciones que le traen sus viejos recuerdos.

¿Y dónde está el soldadito?

Medio roto, rajado y partido, bocabajo en otro lugar de la caja un barquito con cáscara de nuez parece dormir y soñar con el golpeteo de las suaves olas contra su casco y el susurro del viento en sus velas de papel mientras trasporta su carga, unas gotitas de miel.

¿Y dónde está el barquito de cáscara de nuez?

La marioneta solo permanecía estática mirando el infinito, con la punta de su increíble y desproporcinadamente larga nariz rota. Los hilos de sus extremidades enredados entre sí quizás solo estaban reflejando sus tormentosos pensamientos.

¿Y dónde está la marioneta?

Ya apenas recordaban la última vez que le dieron la bienvenida a un nuevo miembro, que sonaron las voces y el eco de estas retumbando en las paredes, ahora solo el ruido de sus respiraciones ocupaba el ambiente. Desde la última vez que la caja fue abierta, la tierra se había ido filtrando lentamente como si de un reloj de arena se tratara contando el tiempo que llevaban allí y transformándose en la única unidad de medida.

Un extraño sonido empezó a llenar los oídos de los juguetes, parecía el zumbar de una abeja que poco a poco se incrementaba.

— ¡Arriba, arriba!— grita la marioneta— Nos van a sacar de aquí— la emoción se palpaba en su voz.

— ¡Cálmate niño! Nadie va a venir a buscarte, no eres necesario— en esta ocasión era la muñeca la que hablaba a través de su irregular boca— Todos hemos sido olvidados.

El osito de peluche se levantó y comenzó a llorar susurrando que quería que otras personas conocieran su historia, el cojo soldado no pudo menos que erguirse, dirigirle una fría mirada de reproche a la muñeca y caminar a la pata coja hasta el peluche en un vano intento por consolarle.

Un movimiento brusco hizo que todos cayeran al suelo o se golpearan con las paredes, parecía que el cofre en el que estaban se levantaba, flotaba y a los pocos segundos empezaban a entrar retazos de luz por donde antes solo entraba la arena.

— ¿Veis? Os lo dije— Reprochó la marioneta dando saltitos que lo único que provocaron fue liar más sus cuerdas, aunque no pareció importarle.

La tapa se abrió del todo y delante de ellos apareció el hombre que les había dejado allí tanto tiempo atrás, aunque en aquel entonces era mucho más joven, un adolescente que consideraba que su etapa para los cuentos de hadas ya había pasado y había decidido enterrar esos recuerdos en algún lugar de su mente. Pues ahí estaba otra vez, reparándolos con sus propias manos, utilizando su imaginación para dar forma de nuevo a las historias y eso fue todo lo que hizo, puso algo de él en ellos y se los transmitió a la persona que sabía que los iba a atesorar como él en un pasado lo hizo.

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domingo, 17 de febrero de 2013

No pudisteis elegir el principio, pues elegid el final.

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Voy a tener que sentarme con mi karma, delante de un café, a negociar. Esto no era lo que habíamos hablado, hijo de puta.

—Hola joven— me saluda una camarera que ya de paso me revisa de arriba a bajo con la vista— ¿Deseas algo? — Pregunta con una sonrisa, a mi parecer bastante falsa y ya estaba armando una respuesta algo hiriente cuando mi acompañante niega casi imperceptiblemente la cabeza— Si, por favor, un café con leche—  Es mi única contestación.

El ruido de la cafetería resuena a mi alrededor, sin embargo, no tiene mayor importancia para mí que la hormiga que pasea por la mesa, espera… ¿qué hace una puta hormiga en la mesa de un bar? ¡Esto es antihigiénico! Y lo único que me frena de irme es que estoy hablando con alguien… con alguien que no hace más que traicionarme y darme la espalda, maldita serpiente retorcida y viperina.

— Debías de haberme ayudado— le reprocho— no puedo hacerlo todo yo sola— añado levantando esta vez la vista hacia enfrente y clavando mis ojos en los suyos.
— ¿Te refieres a lo de la camarera que parece que te acaba de revisar con rayos X?— Pregunta y encima con sorna, ¡se cachondea de mí en mi cara! — No puedo hacer nada.
— Mentira y lo sabes grandísimo embustero— entrecierro los ojos y un gruñido sale de mi garganta— algún día te pasará a ti.
—Sinceramente permíteme que lo dude, yo soy la autoridad— y aunque mi expresión no cede un ápice se que es verdad lo que dice, tiene a las personas atrapadas en su juego y no es algo que me guste, prefiero ser yo la que dirige mi vida… bueno, no, eso tampoco, me da cosa pensar que alguien como yo lleva las riendas de mi vida, dejémoslo al destino.
— Muy bien, cierto, pero teníamos un trato— Una voz amable y dulce surge de mi garganta, tendré que intentarlo primero por las buenas.
— No, creo que ya no— responde tranquilamente moviendo su café con una cucharilla.
— Eres un… — es entonces cuando una mujer me interrumpe, preguntándome si la silla de enfrente mía está ocupada— Lo siento, ahora va a venir alguien— me disculpo.
— Soy alguien importante y déjame añadir que soy perfecto— dijo completando la frase que a mi no me había dado tiempo a terminar por la interrupción de la mujer.
— Si, un perfecto idiota— refunfuño.
— Me estoy hartando de tus niñerías ¿Porqué no aceptas de una vez el peso que te toca cargar? Tu vida es solo tuya, tus decisiones solo tuyas y las consecuencias solo las vivirás tú. Los obstáculos que superas es porque te crees capaz de superarlos y cuando abandonas es solo porque te parece que no estás a la altura, yo no tengo nada que ver con eso— añadió enfadado— Haz lo que quieras, lucha por lo que quieres en tu vida, nadie lo hará por ti, nadie te allanará el camino; a muchos de los que consideras amigos probablemente ni siquiera les importes y lo que tendrías que hacer es dibujar una sonrisa en tu rostro, ladeada, escéptica, irónica, hiriente, y aún así vencedora, debes pensar que nunca podrán contigo, no les des esa satisfacción. Piensa que todo esto es solo un juego, un juego en el que estas sola y te enfrentas al mundo, una macabra prueba por ver quién aguanta más, quién es el fuerte al final… y sigue luchando, a pesar de la desigualdad en la batalla continúa, jamás te plantes retirarte en tu afán de conquistar lo que por derecho te corresponde. La rosa de los vientos, allá en los confines del mundo, te guía y te susurra al oído sus secretos más ocultos y pide que no confíes en una luna manchada de sangre que brilla en el cielo, tan esplendorosa como siempre, sin arrepentirse de su crimen.
Quizás sea la altivez su delito y el mantener la batalla tu castigo y deberás aceptarlo, vivir sin mirar a un pasado que grita tu nombre desde las desvencijadas puertas del cementerio que asemejan a la jaula en la que crees que deberías estar encerrada. Vive sin un destino que marque tus pasos. Se libre— Y acto seguido, sin añadir nada, sin darme tiempo a rechistar simplemente desaparece y yo me levanto, sin haberme terminado el café y me acerco a la señora que antes había pedido la silla.
— Puede usted coger la silla, me voy ya— Sin esperar respuesta me limito a dejar el dinero encima de la mesa y me largo de allí, quizás todo ese monólogo era verdad, quizás los obstáculos, las decisiones, no eran para frenarme, sino para ofrecerme una vida hecha por mi, en la que decidir el tipo de persona que soy sin estar condicionada a un destino. Nadie puede escoger su principio, pero todos tenemos el derecho y el deber de elegir como termina una historia en la que solo hay un protagonista, nosotros.

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miércoles, 23 de enero de 2013

La caída de los Ángeles [Prólogo].

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 “Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.”

Apocalipsis


En un mes se acabará el mundo, en tres semanas todos sabrán la verdad, en 15 días se recrudecerá la guerra, en 420 horas tendrás que luchar contra tus propios demonios y en dos minutos te despertará el insistente sol que entra por la ventana, un gruñido será lo que escape de tu boca o quizás una maldición. En estos momentos, incluso sin conocer el futuro, sabes que no es perfecto, aunque cuando lo entiendas todo pensarás que deberías haberte sentado con el karma delante de un café a negociar y recordarle a ese hijo de puta que esto no es lo que habíais acordado.

Lo primero que ves al levantarte, como cada mañana, es el enorme tomo negro de piel gastada, letras plateadas y medio borradas por su uso, que se encuentra en la estantería frente a la cama, aunque aquel libro de magia negra no es el único que hay, de hecho, multitud de ellos, de variopintas formas y colores adornan la habitación. Los amuletos tampoco escasean, los más abundantes son las estrellas de cinco puntas con una de ellas en dirección a la base, incluso en un rincón ya olvidado se puede encontrar un saquito de tela púrpura que contiene unas hermosas y elaboradas runas, aunque algunas astilladas por el paso inquebrantable del tiempo, en contraste con todo esto, un ordenador se esconde en la mesa, debajo de prendas de ropa y una tarjeta de felicitación por tu vigésimo cumpleaños, firmada por tus abuelos se encuentra en el suelo.

Cuando el sol ya es lo suficientemente fuerte como para traspasar las sábanas con las que te tapas la cabeza, suspiras y lentamente, aún con los ojos entornados, te incorporas bostezando, intentando acostumbrarte a la luz y buscando con la mirada el reloj que siempre se encuentra sobre una oscura mesilla cercana a la cama, junto a una libreta y un bolígrafo, en el que muchas veces escribes tus pesadillas con la intención de que nunca se hagan realidad, aunque por la mañana maldices momentáneamente la debilidad que te lleva a hacer eso, a seguir ese patrón cada vez que ocurre, acostumbrada a mostrar una sonrisa infantil y una forma de ser despreocupada, en esos momentos de temor, a pesar de ser más sincera que nunca, sientes que traicionas de alguna manera tu forma de ser. Sin embargo, ves que la hoja sigue en blanco y el bolígrafo en el mismo sitio en el que lo dejaste, esta noche tus sueños han sido tranquilos, o casi, porque por la mirada que Kit-Kat te dirige sabes que más de una vez le has debido tirar de la cama en la que dormía contigo y con una sonrisa divertida observas como sale dignamente de la habitación, con la cabeza alta y el pelo marrón del lomo erizado, desde luego si no fuera un gato sería el rey del drama.

Tus pies se posan en el suelo y un escalofrío recorre tu espalda, en esta época del año el frío todavía no se ha ido y permanece anclado en cada esquina de la ciudad, aunque por suerte hoy el sol no es ocultado por ninguna nube, algo es algo… Te pones unas zapillas cómodas de color rojo, que sí, no es que peguen en absoluto con el pijama rosa, pero a quién le importa, y te diriges tranquilamente, con toda la parsimonia del mundo, a la cocina, dónde Kit-Kat te dirige una mirada y te ordena- no, no te pide, te ordena- que le des su desayuno, tú resoplas en una mezcla de diversión y de “maldito gato, como me vuelvas a ordenar hacer algo te meteré en una Pokéball, ya verás que risa” El minino parece captar a la perfección el segundo mensaje y pocos segundos después él desaparecerá mientras tú coges una taza de alguno de los armarios. Mientras la leche se calienta en el microondas te asomas por la ventana, miras y ves la estrecha acera que se extiende varios metros por debajo de ti y que llegado a un determinado punto gira bruscamente hacia la derecha, imposibilitando que lo puedas seguir con la mirada. Antes de que la alarma del microondas suene, avisándote que la leche ya está a la temperatura deseada, diriges un último vistazo al canal, mucho más ancho que el suelo firme y también mucho más hermoso.

Vuelves tranquilamente a tu habitación, con la humeante taza de Cola-Cao en una de tus manos, mientras que la otra sujeta un paquete de galletas con chocolate, si, de esas que más te gustan y de las cuales en menos de 5 minutos no quedará ninguna. Diriges tus pasos hacia una mesita blanca pegada a la pared y acercas la silla del escritorio a esta. Quizás la parte más ordenada de la habitación sea en la que te acomodas ahora, o al menos parece que se mantiene ajena al desbarajuste que reina por el resto de la estancia. Coges una de las galletas y te la llevas sin contemplaciones a la boca, para a continuación comenzar a peinarte el rojizo cabello que te llega hasta la altura del pecho y que ves reflejado en el espejo que poco a poco parece empañarse por el vapor de la taza que has dejado frente a él. El tono pelirrojo de la melena contrasta vívidamente con una piel de porcelana, moteada de pecas, sobre todo esparcidas por los pómulos dándole un enfoque más infantil a tu rostro. Destacando en él, unos grandes e impactantes ojos, verdes como esmeraldas que te proporcionan una mirada felina. Unos ojos siempre chispeando, expresivos, ya sea de burla, diversión o alegría, siempre contrastando con tu aparente inocencia aniñada.
Es en ese momento en el que ves como una pequeña llama de fuego parece estar dentro del espejo, no te asustas y ni si quiera supone para ti una sorpresa, sabes de sobra que eso es solo un mensaje, así que cuando ves que ya se aproxima a la superficie del espejo buscas rápidamente un trozo de hoja. El pequeño retazo chispeante atraviesa la superficie del cristal y se queda suspendido delante de tus ojos.

— Siempre me he preguntado si esto quema de verdad— murmuras segundos antes de alzar uno de tus dedos y tocarlo, lo retiras casi al instante, sintiendo una lacerante sensación de dolor en el índice y quejándote con un “¡Ay!” — Pues sí, sí quema.

Ahora ya con algo más de reticencia, acercas la hoja a la llama y la colocas debajo, en ese momento el fuego vuelve a cobrar actividad, dividiéndose y cayendo sobre el papel para formar palabras a base de quemaduras. Aproximas el mensaje para poder leerlo y apenas terminas de hacerlo cuando te levantas como un rayo y te acercas al armario, cogiendo esos pantalones que tanto te gustan y aquella camiseta que compraste apenas dos días atrás, sales corriendo por el pasillo a la pata coja, mientras intentas ponerte unas botas militares que te quedan a medio abrochar y justo antes de traspasar la puerta recoges una capa larga negra y la máscara blanca y plateada que te cubre la mitad superior del rostro. Una vez en la calle, maldices el haberte olvidado alguna prenda de abrigo y es que… ¿Cómo se te ocurre olvidarte eso? Quizás algún día pagues caro tus despistes.

Tus pasos no hacen sino alejarte de Plaza de San Marcos y llevarte a las calles más apartadas, allí donde los turistas que llegan para contemplar los carnavales no son otra cosa que parte del murmullo incesante de la ciudad que se escucha a lo lejos. Caminas durante bastante rato mirando insistentemente el reloj que llevas en la muñeca y sin fijarte en tu entorno, total, para ti esta ciudad no tiene ya ningún secreto. Cuando llegas a la esquina de una de las tantas calles por las que pasas te detienes, contemplando los alrededores un momento y apoyas la espalda en la pared de ladrillo que te queda más cercana para esbozar una sonrisa mientras suspiras y alzas la cabeza para observar como las nubes se empiezan a acumular en el cielo.

— Lamento el destrozar todas tus fantasías, pero no soy tu mascota, no vendré corriendo cada vez que me llames, para eso deberías comprarte un perro— En ningún momento la sonrisa irónica abandona tus labios. No ves a tu interlocutor, pero sabes que está cerca, para ser exactos si dieras un paso más lo podrías observar apoyado en la misma pared en la que tú te reclinas tranquilamente.

— Haces estupendamente bien ese papel, no veo porqué debería de reemplazarte por ahora— Escuchas su voz femenina, bastante más seria que la tuya y sabes perfectamente que aunque no haya ignorado tu comentario, te está reprochando el no tomarte nada en serio, cosa en la que probablemente tenga razón.

— Bueno, bueno, después de este emotivo reencuentro lo mejor será que me digas si encontraste algo— Aunque tu actitud denota tranquilidad y quizás algo de pasotismo no puedes evitar que un deje de esperanza se escape con las palabras que pronuncias.

— No gran cosa— y esa frase es la que te devuelve a la cruel realidad— Cubre muy bien sus huellas y no pude seguirle la pista durante mucho tiempo.

Una queja apenas audible surge de tu garganta, maldiciéndole mentalmente— Malditos brujos, sin vosotros estaríamos mucho mejor, no sería un mundo perfecto pero tendríamos paz— No refrenas las palabras que salen por tu boca, como si hablaras para ti misma en lugar de en voz alta y sin embargo la sonrisa no desaparece de tu rostro, como si solo fuera un comentario irónico o anhelante.

— ¿Y qué es para ti un mundo perfecto?

La pregunta te toma por sorpresa, no esperabas eso, sino que más bien soltara algún comentario hiriente. Meditas unos segundos antes de responder— Creo que para mí el mundo perfecto sería aquel en el que todas las ciudades tuvieran playa y todas las comidas bacon.

— Creo que deberías saber cuando parar de bromear

— Y tú cuando comenzar

— ¿Acaso nunca has querido tomarte la vida en serio, ser una heroína?

— Mi padre mató muchos brujos, al igual que el tuyo mató a muchos inquisidores, entre los míos ellos son brillantes héroes que dieron su vida por la paz, entre vosotros será al revés, unos malditos locos que disfrutaban con el placer de matar… solo los vencedores dirán quien hace el papel de villano y quien el de héroe, hasta entonces es inútil preocuparse por cosas tan banales como esas— y por una vez en toda la conversación tu semblante permanece serio, realmente duele recordar el pasado. Ya habías separado la espalda de la pared dispuesta a retirarte cuando su voz vuelve a resonar en tus oídos.

— Te espero esta noche, en la fiesta del Palazzo Dario, hay un perro tras mi pista, me lo quitaré de encima allí y tú me ayudarás—  Sonreíste ante el desprecio que mostraba por aquellos que tenían el mismo objetivo que tú deberías de tener y es que una relación de enemistad entre dos razas durante siglos no podía desaparecer así como así, mucho rencor, odio y seres cercanos perdidos como para olvidar.

— Espero que no te estén vigilando ahora, creía que sabías encargarte de tus problemas— tus ojos analizan con rapidez el entorno, fijándose en cada mínimo detalle buscando cosas fuera de lugar o indicios de que alguien estuviera cerca, para tu alivio no encontraste nada— además no estoy invitada.

— Me encargo de mis asuntos, pero creí que intentarías mantenerlos alejados- su voz suena irritada, sabías que a ella no le gustaba que dudasen de sus capacidades— no te preocupes por la invitación, corre de mi cuenta.

Suspiraste, en el fondo sabías que se lo debías, de no ser por ella tardarías mucho más en dar con aquel brujo que hundió tu vida— Allí nos vemos— y sin añadir nada más echaste a caminar sin siquiera mirar atrás.


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viernes, 18 de enero de 2013

"Gracias" Una gran palabra.

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Solo quería decirte gracias, gracias por hacerme la vida más fácil, gracias por ir a mi lado incluso cuando andaba perdida y en círculos, gracias por las risas, por las experiencias que me has contado, por las aventuras que por las noches susurras en mis oídos. Gracias por tus sentimientos, por tu filosofía, por tu ayuda, por comprenderme cuando nadie más lo hizo y enseñarme lo que puede haber más allá. Gracias por permanecer en silencio cuando lo necesitaba, por hacerme reír cuando nadie más pudo y por aguardar en un rincón a que fuera contigo. Gracias por acogerme con los brazos abiertos sin recriminarme nada, por alentarme a perseguir mis sueños y demostrarme que se pueden cumplir, que todos podemos y que nunca nadie estará solo. Gracias por no convertirme en un miembro más de esta sociedad, por enseñarme todo lo que sabes, por brindarme la oportunidad de brillar, de ir más allá y abrirme los ojos para que me diera cuenta de que ningún obstáculo me puede detener. Gracias por dejarme estar a tu lado y por demostrarme que nuestra vida se basa en esquemas que podemos romper y ser libres. Gracias por enseñarme a ver el poder que las palabras ocultan a nuestros ojos y demuestran a nuestra alma.

Gracias por tus eternas e imborrables palabras.
Gracias por permanecer en mi mesilla de noche.
Gracias, libros.

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jueves, 10 de enero de 2013

Requiescat in pace.

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Supongo que hay momentos en los que debemos retirarnos, aceptar y pasar el testigo, somos lo que nuestras memorias nos cuentan, nada más… y nada menos. Luchamos en guerras que ganamos o perdemos; mentimos, asesinamos, usamos, traicionamos y en ningún momento hay tiempo para el duelo. Podéis decir monstruos, si, pero alguien debe desempeñar ese papel, alguien debe sufrir para que otro esté en paz, alguien se debe sacrificar para que otro viva. No, no somos monstruos, somos los protectores de una ciudad silenciosa que no se defiende, somos la línea que intenta mantener el mundo a salvo.

Las puertas al futuro están cerradas y es que nunca nos correspondió abrirlas, el esqueleto que las guarda observa todo con sus cuencas vacías porque incluso él tiene prohibido mirar, pues su hora ya pasó y nada puede hacer ni por el presente ni por el futuro. Sus manos crujen cuando mueve sus blanquecinos dedos, guardando entre ellos la llave del destino y fantasmas traslúcidos la merodean, arrojando de sus transparentes cuerpos una luz plateada.

La escena tétrica atenaza nuestros cuerpos, nos crea un nudo en la garganta, nos impide respirar, movernos, pensar y es que tan fácilmente como nacemos morimos, sin que nada esté nunca en nuestras manos.

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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Los protagonistas de una historia llamada vida.

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Es duro ver como cambian los protagonistas de la historia, y es que duele el conservar y rememorar los recuerdos de días pasados y solo entonces es cuando te das cuenta de que aunque de tu entorno nada ha cambiado, -siguen ahí las rosas que plantaste hace dos semanas, esa fuente con frutas recién compradas y las fotos arrugadas y marrones en el álbum que ya nadie mira-, todo parece diferente, las rosas ya no te huelen como hace años, ahora no te apetece pintar la fuente plasmándola imperecedera en una hoja blanca, las fotos han adquirido un significado que te da miedo recordar y es que duele tanto el ver como otros cambian y ya solo quedas tú recordando el pasado, es tan solitario…

Te acuerdas de aquella foto que os hicisteis en una estación de tren cuando ibais a iniciar ese viaje tan deseado y en lo que antes te parecían unas simples y viejas vías feas, ahora te das cuenta de que cada uno ya tomó su camino, su ruta, su tren… y eres tú la única que aún sigue esperando en el andén, pero déjame que te diga algo, eso no significa que seas peor, solo significa que recuerdas, que sigues dándole un valor verdadero a aquello que otros han olvidado y mientras, solo rezas, para que este no sea el verdadero final de la historia.

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miércoles, 12 de diciembre de 2012

No es como si el tiempo que hemos pasado juntos fuera a desaparecer cuando ya no estemos.

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Mi roja sangre mancha tus manos al igual que la arena del reloj se escapa por una grieta. Noto como tú me llamas ¿pero sabes qué? Mi tiempo se agota, me marcho y no hay vuelta atrás. Estoy cansada de luchar en un mundo que solo admite soldados y no a personas… Deja de llamarme y tú, tú que puedes mantente en pie, por mi parte estás perdonado.
A pesar de la poca sensibilidad que me queda y de mi mente abotargada me doy cuenta de que me encuentro en tu regazo, y al entreabrir los ojos lo primero que veo son las nubes blancas que apenas dos días atrás tu y yo contemplábamos juntos tumbados en el césped, ¿recuerdas las risas? ¿La felicidad? ¿La alegría de poder olvidar todo lo que nos rodea? El tiempo pasa muy rápido ¿verdad? Un día eres joven y al siguiente viejo, un día eres feliz y al siguiente desdichado, un día estás vivo y al siguiente mueres.

Todos mis sueños y esperanzas se pierden como lo haría el humo de un cigarro entre bruma espesa, y sin embargo, por una vez, tengo tiempo para pensar, vagos recuerdos acuden a mi mente y se transforman en un entramado de sensaciones y vivencias que me cuesta asimilar, lo medito y pienso “¿Yo he vivido todo esto?” se donde he caído y me he levantado, donde he fallado y he acertado, donde me hice daño y donde se lo hice a los demás, donde tuve perdón y donde no lo merecía.

El viento parece querer mecerme y remueve mis cabellos a su compás, los cuales como si fueran largos tentáculos de un pulpo parecen querer aferrarse a cualquier cosa, como si eso fuera a mantener mi vida, como si fueran a atarme y a condenarme a vivir por siempre. La daga que ocupaba mi pecho ya no está, no sube y baja con mi entrecortada y dificultosa respiración, contando cuanto tiempo me queda, cuanto más me está permitido vivir, sin embargo sigo con mi vista, que ya empieza a ponerse borrosa, el fino reguero de sangre que el arma ha dejado y la encuentro en el suelo, a mi lado, con unos preciosos adornos en rojo, plata y un símbolo en el mango. Había llegado tan rápida y tan certera que no me dio tiempo a apartarme, retroceder, esquivarla… quién diría que mis aliados serían mis asesinos y tú, mi enemigo, la única persona que intentaría salvarme, se ve que desde un principio elegí mal el bando a pesar de que no hacías más que decirme una y otra vez que me equivocaba, que viera el mundo con mis propios ojos y no con los que me habían impuesto, solo tú pensaste que detrás de la piel de un cazador se puede esconder una presa.

Vuelvo a notar tus manos intentando taponar la herida, el fantasma de una sonrisa se posa en mis labios y solo consigo moverlos para articular un “déjalo, ya no tiene caso” Elevo momentáneamente la vista para toparme con tus oscuros ojos, unos ojos por los cuales empecé a amar las estrellas ¡y es que eran tan parecidas al brillo de tu mirada…!
Suspiro y me maldigo a mi misma, eres tú, tú y solo tú la causa de que yo esté así y ni si quiera te culpo, ni si quiera quiero culparte.

“Espero que nos veamos al otro lado” fue todo lo que pensé antes de que mi mano cayera y dejara de acariciar tu mejilla suavemente, sabía que era mi hora, el frío que se había estado adueñando de mi cuerpo había terminado su trabajo y mi corazón, que siempre pensé que latiría para ti, se para, aunque por un lado me parece razonable, una especie de justicia poética ¿sabes a lo que me refiero? Si por ti empezó a palpitar, por tu misma mano parará de hacerlo.

Ahora es la nada lo que me rodea, tu presencia ha desaparecido y estoy sola ¿esto es el cielo? ¿O el Paraíso es solo un mito creado por los hombres para no perder la esperanza? No lo sé, pero una extraña sensación se apodera de mi ¿Acaso tú me sigues llamando? No, no es eso, es un presentimiento o más bien una terrible certeza, la abrumadora verdad de que tú y yo no nos volveríamos a ver. Quise gritar, no pude, quise observar mis manos, tampoco pude, quise moverme, imposible… Y es en ese momento en el que mis recuerdos me golpean, no sé donde estoy, pero ya si sé porqué, esta es mi condena, revivir mi vida una y otra y otra vez…

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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Toda historia tiene un final.

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Solo di mi nombre, una vez más, la última. Grita como si no hubiera mañana, ya que es posible que no lo haya. La luz se ha ido y tú lo sabes, no finjas que es porque te has tapado los ojos con las manos, sabes que la esperanza está perdida, que del mañana ya no queda nada, que las sombras se apoderan del ahora y que el pasado no cuenta. Todo en lo que creíamos se desmorona, las murallas caen, los sentimientos no sirven, el color se ha ido, las alas nos han sido arrancadas y solo conservamos una pluma, en recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.
El destino nos ha vencido, así que haz lo que nunca hiciste, aprende a amar para odiar, vive para matar.
Ve y desperdicia tu vida, yo solo fui un error. El manchón negro en la hoja blanca, así que ve y desperdicia también mi vida, ya no soy nada. Adelante, ve y llévame contigo, pero si miras para atrás, solo el vacío te devolverá la mirada, solo un vago recuerdo entre niebla.

Supongo que es demasiado tarde para llorar por el juguete caído, la mascota perdida y el alma desterrada. Supongo que el corazón desgarrado ya nunca volverá a funcionar como antes y el tic-tac irá perdiendo fuerza hasta que al final inevitablemente se apague, como dejamos de ver una estrella cuando se presenta la mañana, pero está bien, así es como quiero que me veas, yo por siempre brillaré para ti, pero no es necesario que tú lo sepas ni que contemples mi calvario, en los momentos de oscuridad confórmate con saber que un alma siempre velará por ti y solo en esos momentos podrás apreciarme como una estela de esperanza, un rayo de luz o una sonrisa brillante en los labios de tu amigo. Tampoco te pido que pienses en mi, o siquiera que me recuerdes, de hecho te imploro todo lo contrario, olvídame, así yo también podré dejar de ser quién soy y únicamente te ofreceré mi luz como un sacrificio silente. 

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miércoles, 7 de noviembre de 2012

El juguete de Anubis.

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Unas veces aire, otras agua, otras fuego. Vago por el borde del abismo, camino con los ojos vendados confiando en que si caigo ese era mi destino. Poco a poco la cinta que me cubre el rostro se va soltando, el nudo se afloja, la presión cede, el pañuelo sale volando llevado por aquel viento que no había conseguido borrarme los recuerdos. Miro el precipicio que queda a mis pies, no me asusto, no corro, no me alejo, permanezco firme, observando las rocas que sobresalen de aquella pared. De nuevo el viento aparece, eleva mis cabellos, juega con ellos. Y eso es lo que era, nada más que un juguete, la vida me lo había demostrado, obligándome a ir de un lado para otro por los caprichos del destino.

Alcé una mano, intenté coger el viento y mis dedos se cerraron sobre el vacío, la nada, quizás era eso lo que regía nuestras vidas. La soledad es todo lo que nos queda cuando te abandonan. Un corazón negro y un alma de plata, que solo desea desaparecer, fundirse con la bruma del olvido y nunca ser recordada…

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