Miles de plumas blancas revoloteaban en el aire dibujando
formas imposibles. Velas de todos los tamaños salpicaban el suelo encendidas,
aportando a la sala un misterioso color anaranjado a pesar de que no todas lucían
con llama roja. Alargadas barritas de incienso se consumían en rocambolescos
quemadores de color oro y bronce.
Él estaba tumbado en medio de la estancia. Incorporado sobre
su cadera observaba con miedo las figuras blancas que descendían planeando: las
plumas que antes formaban sus alas. Estaba completamente desnudo, solo en un lugar
que no le perdonaría jamás. Con el fornido cuerpo sin protección alguna. Con el
cabello negro desordenado y sin lustre.
Con los ojos grises de titanio acuosos y temerosos. Reconociendo con la mirada el lugar, dándose
cuenta de lo aislado que lo habían dejado. En aquel sitio no existía el tiempo,
la noche y el día no importaban y los relojes eran aparatos inútiles e
inservibles.
¿Qué planes tenía para él el Gran Señor? ¿Qué castigo le impondría
después de su arrogante rebelión? Era la primera vez que tenía miedo. Muchos
dicen que los seres etéreos no pueden sentir, pero se equivocan rotundamente
pues el corazón de Luzbel se moría de terror a cada latido.
De pronto una gran luz proveniente de ninguna parte inundó
el lugar. Tan fuerte era que el fuego de las velas se apagó avergonzado ante su
presencia. Una figura empezó a formarse entre la espesura blanca. Los contornos
de unas alas inmensas se creaban a la vez que una túnica de impoluto blanco se
dibujaba en el claro lienzo. Pronto el arcángel Miguel estaba descendiendo
hacia la atormentada figura de Luzbel. Y así fue como habló:
-¡Tú, provocador de guerras! ¡Tú que te alzaste contra el
Gran Señor en un alarde estúpido de egocentrismo! ¡Tú que gozabas de la
protección del cielo y de nuestro señor Dios! ¡Tú que te creíste capaz de
vencer al Creador! ¡Yo vengo a castigarte! –No movía los labios, la voz se
proyectaba desde todas partes, ahogando la psique del ser que estaba frente a
él. Torturando la mente del que se atrevió a retar a Dios- Ángel Luzbel, nombre
que significa Luz Bella y que no te mereces llevar, yo, en representación de
todos los ángeles que moran en el cielo y hablando con la mismísima voz del
Todopoderoso, te destierro. Quedas relegado a las profundidades de la recién
creada Tierra donde vivirás sin alas y sin posibilidad de retornar aquí de
nuevo. Tu nombre será ahora Lucifer y maldigo a cualquier persona que se atreva
a pronunciarlo. Las sombras serán tus dominios y serás consagrado a las artes
más oscuras que habitan en el alma. –La luz blanca seguía envolviendo al arcángel
lo que cegaba al antiguo Luzbel y le impedía ver al ser que lo estaba
condenando. –Pero el Señor es compasivo con los que se desvían de su camino y
por eso no te privará de tu don inmortal, seguirás disfrutando de la vida
eterna. Además formarás parte de un plan Divino muy importante, tú eres el
encargado de crear una raza nueva de ángeles que comienza con los que te
siguieron en tu fracasada rebelión, que serán desterrados contigo. Gracias a ti
la humanidad conocerá el Bien y el Mal, gracias a ti los hombres que Dios ha
creado serán libres de decidir qué camino tomar. Él es consciente de que muchos
te seguirán, pero así es como quiere que sea. Así que a pesar de todo te da las
gracias Lucifer por haber conseguido que su plan se cumpla. Miles de nombres te
acompañarán a lo largo de la historia y serás tan conocido y tan venerado como
Él. ¡Ahora Lucifer, ángel traidor, es hora de que desaparezcas!.
La cortina de luz blanca se hizo tangible y avanzó
amenazadora hacia el Demonio envolviéndolo por completo y produciéndole miles
de cortes allí donde le tocaba.
Al cabo de unos segundos no quedó nada de él, había
desaparecido y se encaminaba a cumplir con su misión.
El arcángel Miguel también se esfumó satisfecho, dejando la
estancia vacía y con el recuerdo de algo grandioso entre sus piedras.
A Lucifer todo esto le parecía exquisitamente divertido. La pantomima creada en torno a su premeditado alzamiento.
Él ya sabía el plan de Dios porque ambos lo habían hablado hacía milenios. Ambos sabían que los dos eran igual de poderosos y que por tanto no podrían coexistir en la misma realidad. Además la incipiente humanidad creada por el Todopoderoso debía de ser libre, tenía que tener la capacidad de elegir por si misma para así no convertirse en juguete de ninguna deidad y al mismo tiempo demostrar ante otros dioses el poder que el futuro Yahvé tenía al ser capaz de crear a unos seres con la suficiente fuerza en el alma para no doblegarse ante nadie.
Todo había sido pulcramente tramado con la más perfecta exactitud. Ahora existían el Bien y el Mal y convivían en bélica armonía, por irónico que pueda parecer.
Así es como debe ser y así es como seguirá durante miles de siglos para bien de los hombres.

Él ya sabía el plan de Dios porque ambos lo habían hablado hacía milenios. Ambos sabían que los dos eran igual de poderosos y que por tanto no podrían coexistir en la misma realidad. Además la incipiente humanidad creada por el Todopoderoso debía de ser libre, tenía que tener la capacidad de elegir por si misma para así no convertirse en juguete de ninguna deidad y al mismo tiempo demostrar ante otros dioses el poder que el futuro Yahvé tenía al ser capaz de crear a unos seres con la suficiente fuerza en el alma para no doblegarse ante nadie.
Todo había sido pulcramente tramado con la más perfecta exactitud. Ahora existían el Bien y el Mal y convivían en bélica armonía, por irónico que pueda parecer.
Así es como debe ser y así es como seguirá durante miles de siglos para bien de los hombres.
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